MÉXICO Y SU CULTURA




Amacuilécatl
Pies del Iztaccíhuatl
Luis Guerrero M.
El Amacuilécatl una montaña mágica.

Nuestros ancestros nahuas bautizaron esta bella montaña como Amacuilécatl: “Donde moran las cinco aguas”, con sus 4,741 msnm es una de las montañas más altas de México. Su cumbre es un filo rocoso, sus dos caras presentan paisajes muy diversos: la pared Norte tiene la forma de un abanico, de su cumbre baja una pendiente en forma de embudo que termina en una pared que la rodea; su silueta acompaña a los alpinistas en gran parte del recorrido hacia la cima principal del Iztaccíhuatl, cuando se asciende por esa vertiente. La cara Sur es un gran macizo rocoso con una enorme pared en su vertiente Oeste, y la parte Este la forman un conjunto escalonado de tres murallas o crestas rocosas bastante largas; en la unión de ambos lados: la pared al Oeste y las murallas al Este se eleva la pirámide, también rocosa, de la cima; aunque propiamente la cima no se alcanza a ver a distancia pues se oculta detrás de esa pirámide donde se asienta.

Para mí esta montaña siempre ha tenido una significación especial: cuando era adolescente conseguí una bella fotografía de su vertiente Norte y la coloqué en un lugar visible de mi habitación, frecuentemente, al verla, me imaginaba la ruta que se debería seguir para escalarla. En algunas ocasiones, camino al Pecho del Iztaccíhuatl, la había contemplado más de cerca y crecía mi deseo por escalarla. Así pasaron más de cinco años. Finalmente, en junio de 1982, haciendo cordada con Gregorio y Héctor pude realizar mi sueño de llegar a su cima por esa querida vertiente Norte. Copio unas líneas de la crónica que hice después de aquella ascensión:

“La pared cobra sus verdaderas dimensiones conforme nos acercamos a ella, produciendo en mí una extraña mezcla de intranquilidad y resolución. Ninguno de los tres la hemos subido antes y no tenemos una idea suficientemente clara del tipo de pared a la que nos vamos a enfrentar. Nos encordamos y avanzamos, el primer tramo de la pared es por un angosto canal vertical de roca sin mayor dificultad; después se continua en una escalada más vertical. Para salir por encima de esa pared hacia el embudo, traté de escalar una chimenea, pero para mi angustiosa sorpresa, en su parte superior, una de las dos paredes en las que hago presión para apoyarme empieza a moverse, desprendiéndose muchas pequeñas piedras por encima de mí y pasando muy cerca de mis compañeros. El mensaje era claro: debía bajar con cuidado y buscar otra ruta. Afortunadamente no pasó a mayores y puedo encontrar otra canaleta en la roca, más segura, para hacer una travesía hacia los corredores superiores. ¡Bueno! Eso de “segura” es algo relativo, pues se trata de una pared muy inestable, con rocas de diversos tamaños que pueden desprenderse fácilmente. Al final de esa pared realizamos una pequeña travesía por los corredores de tierra y pequeñas rocas del embudo. Finalmente, escalamos por un espolón de roca sólida que nos condujo directamente a la cima. ¡Estábamos en la cumbre! El día era estupendo y el paisaje maravillosos. Nos abrazamos emotivamente. Protegida en el libro que solía incluir en mi mochila, Tierra de hombres de Saint-Exupery, me había llevado a la cumbre la foto de mi cuarto, para poder contemplarla y recordar lleno de gozo mis sueños sobre esta anhelada ascensión”.

Cara Norte del Amacuilécatl .

Si bien yo había ascendido el Amacuilécatl en cuatro ocasiones, la ya mencionada por la pared Norte y tres por la vertiente Sur. Después de 35 años tenía un nuevo motivo muy especial, pues ascendería por la Cara Sur del Amacuilécatl con mi hijo Juan Manuel. Ya habíamos hecho un intento el pasado mes de diciembre, pero ese día el mal tiempo hizo su aparición desde temprano, impidiendo la visibilidad en ese mundo de rocas, por lo que preferimos prudentemente cambiar nuestro objetivo hacia la ruta de las rodillas, como una forma de entrenamiento para futuras ascensiones.

Cara Sur del Amacuilécatl.

La nueva fecha seleccionada fue el 12 de abril de 2017. Salimos muy temprano de la Ciudad de México para poder registrarnos y pagar la cuota en el control de Paso de Cortés a las 7 de la mañana, que es cuando lo abren. La ruta Sur tiene dos variantes, la más común es comenzar por la ruta de Los portillos desde la Joya, y desviarse hacia el Amacuilécatl entre el primer y segundo portillo. La ruta que escogimos es un poco más larga, pero a mi modo de ver mas bonita. Comenzamos la ascensión desde el observatorio astronómico y repetidora de Altzomoni. Desde ahí, en dirección Norte, hacia la cima del Amacuilécatl, se toma un pequeño camino turístico que baja hacia una cañada boscosa convirtiéndose, poco después, en un sendero con un pequeño riachuelo, hay que subir del otro lado de la cañada hasta topar con un camino, justo donde termina el bosque, con un alambrado para evitar que el ganado pase a las zonas altas. Desde ese lugar se puede contemplar bien la primera parte de la ruta: las murallas de roca que cubren prácticamente todo el horizonte Este de la montaña, las dos más bajas se unen en un embudo al llegar a la gran pared del Oeste.

La aproximación a la primera muralla, en su extremo Este, se hace por una ruta de matorrales bajos, muy típicos de nuestras montañas en esa altura. Como había estado nevando los días anteriores, ya en ese recorrido había mucha nieve. Recuerdo que hace años, en otra ascensión por esta ruta, me encontré a un grupo de biólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México que estaban recolectando veneno de víboras de cascabel para sus experimentos universitarios. ¡No cabe duda que hay intereses y aficiones para todos los gustos! La vista del Popocatépetl era espectacular, tapizado de nieve y con las enormes fumarolas que estuvieron saliendo de su interior durante todo el día.

Las fumarolas del Popocatépetl.

Elegimos tomar el largo corredor que hay entre la primera y la segunda muralla, el cual es de poco desnivel al principio y se inclina al final. Lo recorrimos en toda su extensión Este-Oeste, hasta llegar al embudo que había mencionado en la ladera Oeste. En ese corredor hicimos una parada para comer algo; cuál no sería nuestra sorpresa cuando, a esa altura, un colibrí se acercó a nosotros con su característico vuelo, tal vez al oler una pequeña barra de cereal con mermelada que estábamos comiendo. A excepción de la compañía de ese pequeño pájaro, ese día la montaña era solamente para nosotros dos. Soledad que se acentuaba ante la majestuosidad de esos paisajes. Seguimos nuestro ascenso, y justo antes de llegar a la empinada ladera del embudo, realizamos una pequeña escalada en la muralla y nos dirigimos a las paredes más grandes del Amacuilécatl, se trata de la gran pirámide donde se asienta la cumbre. Es fácil distinguirla pues tienen unas enormes cuevas en la base de su extremo Este. Nos dirigimos hacia ellas por la planicie de poca inclinación que hay entre la tercera muralla y la pirámide.

Cuando la muralla da vuelta, un poco después de las cuevas, hay un pequeño paso rocoso que conduce a otro largo corredor ascendente, mucho más inclinado, el cual marca el inicio de la última etapa de la ascensión, es la parte que no se puede observar desde abajo. Hay que subir ese corredor hasta un collado que conecta con una pequeña meseta, que es la parte superior de la tercera muralla. Comienza entonces el último laberinto rocoso. La meseta tiene otra muralla en dirección a la cima. Esa muralla se evita descendiendo unas decenas de metros, por la ladera, casi hasta su inicio, ahí la muralla se hace muy pequeña y se encuentran algunos pasos sencillos de escalada en roca que conducen a su otra vertiente, más al Oeste. Se trata de un último y empinado corredor rocoso, sencillo de trepar, que conduce directamente a la cima. El corredor tiene todavía dos paredes que se pasan por un lado. Finalmente se llega a la roca de la cima, que tiene una placa conmemorativa del “Equipo alpino cinematografista”.

El collado Este del Amacuilécatl, en la
última parte del recorrido.

Esta cumbre con mi hijo, en medio de aquel paisaje de roca y nieve, y de la soledad que nos acompañó durante todo el día, fue un momento muy esperado y emotivo. Nos dimos un buen abrazo, con la satisfacción de haber logrado juntos esa atractiva cima. Intercambiamos nuestras emociones y juntos contemplamos el paisaje.

La vista de la cima es impresionante, puede verse el Iztaccíhuatl en casi toda su extensión hasta el pecho, más abajo se puede observar parte de la ruta hacia los refugios y las rodillas. Del otro lado puede observarse el Popocatépetl, en el horizonte también podían observarse el Citlaltépetl, el Sierra Negra, el Cofre de Perote, la Malinche y el Nevado de Toluca. Y justo debajo nuestro, la última parte de nuestra ruta.

El Popocatépetl desde la cima del
Amacuilécatl.

Además de observar el paisaje, nos tomamos unas fotografías y comimos parte de nuestras viandas. El descenso fue por la misma ruta hasta las cuevas de la pirámide. Es muy importante orientarse bien, pues es fácil tomar alguno de los múltiples corredores que conducen a la parte superior de las murallas, en donde no hay salida para bajar. Al llegar a las cuevas cambiamos de ruta, en esta ocasión continuamos directo hasta la cresta de la segunda muralla, en su parte Este; casi al final de la muralla encontramos un paso rocoso para bajarla, lo mismo hicimos, también por esa misma zona, para descender la primera muralla. Una vez abajo de esta muralla fue fácil orientarnos hacia la cañada boscosa y hacia el observatorio de Altzomoni. Poco a poco el cielo se había nublado y, en la última parte del descenso, comenzó a nevar, afortunadamente estábamos ya fuera de las murallas.




© Copyright . Luis I. Guerrero Martínez. Todos los derechos reservados.
e-mail: